📍 ¿Dónde puedo dormir fresco en España cerca de mí? →
Llevamos un año contando cuántas noches por encima de 20 °C registra cada estación de España. Lo que no habíamos explicado todavía es por qué esa cifra importa más allá de dar vueltas en la cama. La respuesta corta: el calor nocturno no es un apéndice del calor del día — es un factor de riesgo por su cuenta, y está medido.
Esta página no publica datos nuestros. Todo lo que se afirma aquí sale de estudios ajenos revisados por pares, y cada cifra lleva su fuente enlazada al final. Nosotros medimos temperaturas; la mortalidad la miden otros, con métodos que no son los nuestros.
En septiembre de 2025, un equipo internacional liderado desde el CSIC publicó en Environment International el mayor análisis hecho hasta ahora sobre calor nocturno y mortalidad: 178 localidades de 44 países, con temperaturas horarias entre 1990 y 2018, más de 14 millones de defunciones y 42 capitales de provincia españolas dentro de la muestra.
El resultado que cambia el enfoque es este: el riesgo asociado al calor nocturno aparece con independencia de la temperatura máxima del día. Da igual lo que marcara el termómetro a las cuatro de la tarde; si la madrugada no baja, el riesgo sube igual. El riesgo relativo agrupado que encuentra el estudio para las noches cálidas extremas es de 1,026 — un 2,6 % más de mortalidad—, y la asociación aparece en todos los climas y regiones estudiados salvo en el norte de Europa, donde los propios autores la califican de solo sugerente.
El mecanismo que proponen es fácil de seguir: si el cuerpo no encuentra durante la noche una ventana lo bastante fresca, no completa la recuperación del estrés térmico acumulado de día. Y lo que no se recupera, se acumula — que es exactamente lo que ocurre en una racha de noches tropicales seguidas.
No era la primera señal. Ya en 2017, el mismo investigador principal había publicado en International Journal of Biometeorology un análisis de Barcelona con datos horarios de 2003 a 2013, construido sobre un umbral nocturno de 23 °C.
El estudio anterior mide el resultado final —cuánta gente muere de más— a escala de población. Pero hay otro, mucho más reciente, que mide lo que le ocurre a una sola persona mientras eso pasa.
Un equipo de la Universidad de Griffith (Australia) publicó en BMC Medicine un seguimiento de 47 adultos de 65 años o más en sus propias casas del sureste de Queensland, durante todo un verano austral. Cada uno llevó un dispositivo que registraba frecuencia cardíaca y variabilidad cardíaca (HRV, un indicador de cómo está regulando el sistema nervioso autónomo) entre las 21:00 y las 7:00, mientras un sensor medía la temperatura real del dormitorio.
El mecanismo es el mismo que el cuerpo usa de día para refrescarse, solo que aplicado a una noche que no debería exigirlo: para disipar calor, manda sangre hacia la piel mediante vasodilatación periférica, y eso obliga al corazón a bombear con más fuerza y de forma sostenida durante horas. Los resultados acompañan al mecanismo: a más temperatura de dormitorio, más frecuencia cardíaca durante el sueño y menos variabilidad — es decir, menos capacidad de regular esa respuesta.
El estudio sitúa la referencia en 24 °C de temperatura de dormitorio: mantenerla en ese valor o por debajo reduce la probabilidad de esas respuestas de estrés nocturno en personas mayores.
Aquí conviene ir despacio, porque el resultado es lo contrario de lo que parece.
El desglose español del estudio del CSIC calcula, ciudad a ciudad, qué fracción de las muertes se atribuye al exceso de calor nocturno. Y las ciudades de interior salen por delante de las del litoral mediterráneo, pese a que estas últimas acumulan muchas más noches tropicales al año:
Fracción de la mortalidad atribuida al exceso de calor nocturno, desglose español de Royé et al. (2025). En rojo, ciudades de interior; en verde, de litoral.
Seis veces más en Granada que en Almería. La explicación que apuntan los propios investigadores es la aclimatación: una población que convive cada verano con mínimas altas responde distinto —fisiológica y conductualmente— que otra para la que esas noches siguen siendo la excepción.
Esto tampoco contradice lo que vemos en nuestros propios datos de AEMET, que es otra cosa distinta: que la brecha entre el llano y la montaña se está abriendo, con las estaciones por debajo de 200 m ganando unas 14 noches tropicales por década frente a las 5 de las que están por encima de 800 m. Nosotros contamos noches; el estudio del CSIC mide riesgo por noche. Son dos preguntas diferentes con dos respuestas diferentes.
Cada cifra que publicamos estación por estación —noches tropicales al año, tendencia por década, racha máxima consecutiva— es, a la luz de esta literatura, el indicador indirecto de una variable que sí importa: cuántas noches al año una zona pierde su ventana de recuperación térmica.
Lo que no hacemos, y conviene decirlo alto: no medimos mortalidad, no la atribuimos a ninguna estación y no calculamos riesgo para nadie. Eso excede con mucho lo que estos datos permiten afirmar. Lo que sí podemos decir, apoyándonos en trabajos publicados y revisados por pares, es que la cifra que mostramos no es un dato de confort: hay literatura médica que se la toma en serio.
Diez veranos de datos de AEMET, estación por estación.
Consultar la calculadoraSi quieres el detalle de cómo contamos —qué umbral usamos, por qué no usamos medias y de dónde sale cada dato—, está en la metodología. Si lo que buscas es qué hacer esta noche, la guía práctica es cómo dormir con calor sin aire acondicionado. Y si tu zona no da tregua, puedes ver dónde se duerme fresco cerca de ti.
Esto no es consejo médico. Los porcentajes citados son promedios de estudios poblacionales a gran escala: no son aplicables a una persona ni a un municipio concretos. Si convives con el calor nocturno y tienes una enfermedad crónica, tomas medicación, estás embarazada o cuidas de un bebé o de una persona mayor, quien te puede orientar es tu centro de salud.
Ante síntomas de golpe de calor —piel muy caliente y seca, desorientación, vómitos, dejar de sudar— llama al 112.
Los datos climáticos de este portal proceden de AEMET OpenData y se explican en la metodología. Esta página, en cambio, no publica datos propios: sintetiza literatura ya publicada, y cada afirmación se puede seguir hasta su fuente.